contenido anti-dopamina

Entre la multitud de tareas que se hacen desde FIKA, una de ellas es gestionar las redes sociales de varios escritores. Crear contenido propio, más allá de publicaciones colaborativas o de compartir fragmentos de entrevistas, es imprescindible para generar engagement y construir comunidad. Sin embargo, ya sabemos que en estos tiempos de inmediatez, hay métricas que mandan. Por ejemplo, la tasa de retención es cada vez más baja.

Cuando grabo con autores siempre aparece el mismo momento.
Ese en el que digo cosas como: “el hook inicial es muy importante”,  “tenemos medio segundo para captar la atención”, “perdona que te corte pero llevas más de un minuto.” Y la verdad es que es cansado.

Porque después de tanto tiempo escribiendo un libro, revisándolo, esperando a que se corrija, a que encuentre su hueco en el calendario editorial, que luego un proceso de más de un año tenga que explicarse en cápsulas de treinta segundos que no dejan profundizar en casi nada resulta, como mínimo, extraño.

Muchas veces, cuando estoy con los autores, me sorprendo justificándome constantemente, como si el algoritmo de Instagram o el ritmo de la sociedad fueran culpa mía.
“Lo siento, ya sabes, los tiempos en los que vivimos.”.  “Hay que adaptarse.” o “Si no lo hacemos así, la gente no se queda.”

Y en parte es cierto.
Pero también empieza a ser evidente que estamos cansados del clickbait, de los consejos para captar la atención rápidamente, de los call to action imperativos y de ganchos tipo “quédate hasta el final para descubrir…”.

Y aquí es donde me interesa una idea que he visto formular muy bien a anatasia_shtompel, que habla de algo que algunos llaman contenido anti-dopamina. Un tipo de contenido que no busca hackear la atención, sino sostenerla. Que no intenta sobreestimular, sino regular, y que no compite por excitar al espectador, sino por acompañarlo. Algo que describe muy bien esta tendencia es que ya no hacemosscroll buscando emoción como en los tiempos de la pandemia, sino alivio.

Cada vez más usuarios sienten saturación frente a contenidos que gritan, que aceleran, que prometen constantemente algo más interesante en el siguiente segundo. Y poco a poco empieza a aparecer una preferencia por formatos más calmados, más humanos y menos agresivos.

Como lo describe ella, este tipo de marketing no busca activar el sistema nervioso, sino mantenerlo regulado mientras consumimos el contenido a través de menos estímulos, más pausas, un ritmo más natural o un mensaje que no se sienta como una interrupción.

Contenido relajado en el mundo literario

Este cambio de paradigma tiene todavía más sentido en la industria editorial donde, cada vez más, los escritores son quienes tienen que hacer campaña de sus obras. Pero un escritor no es un creador de contenido rápido. Su trabajo consiste precisamente en lo contrario.

El tiempo de la escritura es lento, y cuando la comunicación del libro va en dirección opuesta a ese ritmo, el resultado puede sentirse artificial. Como si el autor tuviera que interpretar un papel que no le corresponde.

Por eso cada vez tiene más sentido apostar por un contenido coherente con el propio estilo del escritor. Es decir, que los reels no sean una máscara, sino una extensión natural de su forma de pensar y de hablar. En definitiva: que el autor que vemos en pantalla sea el mismo que escribe. Que los reels sean coherentes con su estilo literario. Que el ritmo del contenido se parezca al ritmo de sus libros.

Todavía falta camino para educar a la audiencia en este cambio de paradigma, y probablemente no será un modelo válido para todo el mundo. El contenido rápido seguirá funcionando, y seguirá siendo necesario en muchos casos. Pero para los escritores, este enfoque más pausado puede ser especialmente valioso.

Porque ayuda a construir algo que no se consigue con impacto inmediato: confianza.

  • Una comunidad que no se queda por el estímulo, sino por el interés.
  • Lectores que no reaccionan a un truco, sino a una voz.
  • Personas que no buscan el siguiente vídeo, sino que quieren escuchar lo que ese autor tiene que decir.

Por eso, cada vez más, vemos como los escritores se inclinan hacia plataformas como Substack donde pueden expresarse mejor, aunque el alcance y el impacto no es el mismo que en una red social como Instagram. 

En la práctica, esto implica replantear algunas cosas en las redes sociales dopamina como Instagram o Tik Tok. Pongo algunos ejemplos:

  • Una idea por contenido. En lugar de hacer vídeos tipo “cinco cosas que me han ayudado en mi proceso creativo”, quizá es mejor elegir una sola y desarrollarla con más calma. 
  • Cobran importancia elementos que no tienen que ver con el algoritmo, sino con el discurso: la estructura, la claridad, la capacidad de explicar bien algo. Vale más una única idea bien comunicada que una lista superficial. Hay que saber comunicar y hablar frente a la cámara. Tienes más importancia un discurso bien planteado y hablado que el clickbait fácil. 
  • No abandonar la edición, pero sí reducir el exceso. No todo necesita efectos, transiciones, sonidos, subtítulos que ocupen toda la pantalla o cortes cada segundo.
  • No se trata de elegir entre contenido rápido o contenido lento. Se trata de encontrar el equilibrio.Usar los formatos actuales sin perder la profundidad, adaptarse sin perder la voz propia.

En el caso de los escritores, aprovechar este auge de un contenido más calmado puede ser una oportunidad. Una forma de explicarse y transmitir mejor. De construir una relación más sólida entre lector y autor.

Recordemos que un lector fiel se quedará por tu personalidad y tu voz, no por lo que el algoritmo de Instagram decida o por el clickbait de su miniatura.